lunes, 23 de febrero de 2015

Y esta antítesis total nos mantiene cerca.

Pero se empeña conmigo como quien se empeña hasta las cejas para comprarse un piso. Que así sobren las dudas y las deudas por todas partes. Hagamos que valga la pena sin organizarlo todo ni llevar las cuentas. Porque daré cualquier vuelta a lo que digas, hasta conocerme el punto de inflexión de la curva de memoria. O de tus curvas en mi memoria, para estudiar la estrategia y aprender a cerrar tus heridas. A abrir la caja torácica donde se quedó atrapada. Sin prisa. Ya aprenderemos que solo los fantasmas se revuelcan en el pasado. Ya aprenderemos a enterrar los sentimientos cuando mueren antes de regalar las flores, y no al revés. De frente.
Y aún sabiendo que no puedo dejarte huella desde que no piso fuerte, por si se derrumba todo, aprendo a deslizarme con la cuchilla como quien lo hace sobre el hielo. Sobre ti. 
Cariño, si no lo rompemos ahora durará mil años.
Invierte mi tiempo, y ya veremos.




lunes, 26 de enero de 2015

Blindada en cada golpe para no escuchar mi pulsación. Que ya no llegáis al corazón de la cuestión tampoco. Ni de mí.

El valora lo que tienes tampoco te va a dar la felicidad. 
Es la más clara expresión de un "aférrate a lo que hay aunque no te llene". Acumula millones de cosas solo por el miedo a perderlas aunque no sean lo que buscas, porque mejor mal acompañado que solo! 
Hacemos las cosas tan mal solo por no dejarnos fluir...
Podemos irnos y seguir buscando o simplemente conformarnos y hacer como que nos importa lo que tenemos delante mientras nos comportamos como idiotas con personas que no se lo merecen porque, podemos intentarlo, pero jamás apreciaremos algo por muy increíble que sea si nuestros ojos no están hechos para verlo. Yo jamás apreciaré la música clásica porque jamás me apasionará. Y soy consciente de lo que valen, pero que la escuchen otros. Porque yo no sabré. Porque no es lo mismo oír que escuchar.
Así que para qué seguir forzando, si al final acabaremos por darnos cuenta de que tanto espacio de margen al "igual un día..." Solamente sirve para acabar con un síndrome de Diógenes emocional del que acabaremos aprendiendo que menos es más cuando el más no siempre resta. Porque cuando lo hace, ya está todo perdido. 
Y me confieso arisca cuando no hay sentimiento de por medio. Y por eso me confieso mejor persona cuando alguien me hace sentir. Y por ello alguien que me salve de mí cuando yo no me soporto (otra forma de buscar la solución fácil complicándose la vida). Por eso hoy me grito, sálvate tú! 
El "nada ni nadie", el "ni estabas ni estarás", qué importan ahora.
De todas formas ninguna escapatoria en línea recta iba a ser suficiente cuando el terreno está ya tan accidentado, en ambos sentidos. Porque podré verme mientras no doble la esquina. Porque puedes rescatar un barco pero no cuando se ha hundido toda la flota.
Nos vemos a tocar fondo, mediante un choque frontal con el destino.



miércoles, 14 de enero de 2015

Vuelve a llegar la primavera, y me molesta el sol. Alma que nunca se deshiela y se queja del calor.

Y que me quieran con mis dudas y mis complejos. Rota. En mis más pero sobre todo en mis menos, en mi caos... Porque aprendí a hacer del caos un arte y pienso quedarme a vivir.
Psicodélica perdida, enganchada al humo, buscando el hipocampo para mi amígdala. La calma.
Viviendo en continuo estado de beligerancia, lo cual me fascina.
Difícil de manejar. Efímera.
Cambiante, pisando siempre mis principios. Actuando como una cría.
Jamás dispuesta a quedarme. Ya no.
A punto de perder el norte pero incapaz de dejarlo ir.
Joder, déjame ir!


4000 días después de aquel año obcecado detecto que al fin te dignaste a cumplir con la cita inaudible. Y me alegro, y me enfado a la vez.

Aquellas fueron las últimas líneas que malgasté en algo que ya estaba muerto.
Pero qué bonitas son a veces las heridas, y cuántas hojas ocupan cuando las dejas. Tantas como quieras.
Para al final acabar dándote cuenta de que algo que da tanto de sí ha valido la pena, y que quedan los recuerdos plasmados para aquellos que tenemos la manía de recopilarlo todo, para revivir algo de lo bueno de vez en cuando y recordar lo aprendido cuando es necesario. Porque la carpeta de lo malo por fin tornó a lo aprendido, y ahora sí puedo archivarla.
Ahora me quedo conmigo (que soy la que me abandona pero siempre vuelve, siempre vuelvo. Y un día voy a aprender a ser valiente y llegaré para quedarme), aunque intentes por la fuerza abrirme la cajita de recuerdos. Porque estoy segura de que brillaré por mi ausencia para quien no me supo ver. Y mientras tanto que me sigan inspirando las decisiones que tomo, para ver si al final es cierto eso de que el poeta es de quien le inspira, y por fin me pertenezco. A ver si por fin puedo escribir mi nombre antes de escribir el de nadie. 
Aquí, escribirlo aquí dentro con el corazón arponeado pero en propiedad, sin intereses ni deudas a plazo fijo.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Lo demás no, pero a ti te tengo en claro. Y tú me tienes, claro.

Tengo tantas cosas que decir que juro que esta vez escribo por puro instinto de supervivencia.
Porque esta mañana o mi cara reflejaba mi estado de ánimo como nunca o por fin soy lo suficientemente miope como para salir a la calle sin maquillar y verme bonita (que siempre me observo de lejos, no vaya a ser que me vea por dentro, no vaya a ser que me acerque mucho a lo que realmente soy).
Que no nos damos cuenta pero cuando nos quieren bien nos recogen el amor propio del suelo y nos lo ponen en bandeja para reconstruírlo.
Sobre todo cuando ya lo damos por perdido. Cuando, como yo, en vez de rescatarlo nos hundimos en él.
Que mi talón de aquiles se encuentra en un cuerpo ajeno. En el mío.
Y que solo cuando lo recupere recuperaré también la capacidad de controlar algo de lo que ocurre con mi vida. Porque lo que ocurre en ella no hay forma de cambiarlo.
Y así, alejándome cada vez más del autoconvencimiento de la autosuficiencia, que como todo lo que lleva auto delante siempre acaba siendo un completo fracaso; me voy dando cuenta de que los desastres más bonitos ya solamente los recuerdo en diferido. Que recuerdo mejor días pasados, y no batallas recientes.
Porque me la jugué mucho apostando por caballos ganadores de otras carreras que no eran las de mis medias.
De arrastrarme por el suelo mendigando besos que ya no eran míos.
Y me importa una mierda.
Todo lo que puedo decir ahora es que me importa una mierda.
Porque si no me reconozco tomando aquellas decisiones, si lo recuerdo como si lo hubiera vivido otra persona, es porque necesito releer aquello de que valiente es el que determina los acontecimientos y no el que los sufre. Para así darme cuenta de que lo que nos hace estar vivos es arriesgar, y, por qué no, darnos algún que otro golpe. Que ya acertaremos. Pero provocando a la suerte. Porque como dije al principio, mi talón de aquiles ya no me pertenece. Pero sigue siendo mío al fin y al cabo. 
Y me quedo con la incoherencia de esto último que acabo de decir para decir que así es la cosa. 
Me siento libre cuando me vuelvo a dar entera. Me siento entera cuando soy libre. Y, la libertad, siempre ha sido algo muy subjetivo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Si de querer romperme terminaste haciéndome más fuerte, dime quién ha perdido. Porque yo puedo decirte lo que he ganado.

Y si me quiero dormir entre caladas a unos labios que me dedican sus noches, pero me bailan el agua por el día de la misma forma que yo lo hago, y me dicen que no se irán mañana, firmo.
Firmo en el comienzo y antes de escribir nada, ahora que todo va bien. Quién me lo diría, ya no muero por ti!. 

domingo, 30 de noviembre de 2014

Que sigo torturando a mi cabeza por tu piel.

Eras como un millón de tarjetas de felicitación, como las tardes de otoño, como los viernes por la noche. Eras los "buenos días" que despertaron en tu cama, tus ojos bonitos, los lunares que me aprendí, los besos que guardé. Y de tanto dar, y de tanto querer darte, me quedé sin nada. Por no saber poner límite, por dejarme en caída libre. Y lo peor, que no me arrepiento. Que volvería a caer solo por volver a sentirte, tan dentro que llegaste, tan hondo que calas. Que no quiero a nadie si no eres tú. Y me quiero y me odio porque te quiero y te odio. Porque quiero verte desaparecer y quiero que vuelvas para quedarte. Para quedarme yo. Para no perderme nunca más si no va a ser entre tus sábanas. Tan lejos y tan cerca que muero por verte y por quitarte de mi cabeza. Que sí, que te prefiero en mi almohada. Y que ojalá, dejarme la marca de tus uñas y no los estigmas de las balas. Ojalá seguir queriéndote tanto que duela. Porque no va a volver a doler así por nadie. Porque no me vuelvo a dar entera. Porque no lo estoy. Y así, por fascículos, regalándome a cualquiera que sepa y no le importe saber que por la mañana no estaré, recordaré que yo te abrazaba cuando te quedabas dormida sin que te dieras cuenta. Y que sin darte cuenta ahora te sueño y cuando despierto no estás. Y la realidad ya no me sostiene. A la realidad ya no la aguanto. Y quema y rasga la piel... Y este invierno es frío. Y esta no soy yo. 
Pero tú sigues tan bonita como siempre.