En medio de la noche, quema todavía más. Escuece la herida en medio del alma, y todo lo que puedes hacer es sentirla.
Y poco a poco vas aprendiendo que si hay alguna forma de aliviar el dolor es meterse de lleno en él. Lo dicho, sentirlo. Hasta que sientas que los pedacitos se van fragmentando en otros más pequeños y creas que estás a punto de desaparecer. Hasta que sientas que quieres escapar aunque no sabes muy bien a donde o de qué. Hasta que quieras volver al principio de todo, o evaporarte en el final.
Solo cuando el dolor sea tan insoportable que cueste respirar tu cuerpo decidirá dejar de torturarse pasados los quince minutos.
Porque el dolor es lo único inevitable, y quince minutos son más que suficientes para romper un corazón tan pequeñito que apenas alcanza el puño de una mano.
Y sabréis, que todo el tiempo posterior a esos quince minutos haréis todo lo posible por estar distraídos, por mantener vuestra mente ocupada en cualquier cosa. Sin daros tiempo de que vuestra mente huya de nuevo al lugar del crimen.
Porque somos humanos, y como tal, sieeeempre escuchamos y entendemos solamente lo que nos interesa. De tal manera que luego no diferenciamos entre sentir dolor y sufrir, y acabamos viviendo el sufrimiento como dolor, y el dolor como sufrimiento. O lo que es lo mismo, sufriendo de forma inevitable y prolongando el dolor. Ya que bastaría un simple vistazo al diccionario para descubrir que la palabra "sufrimiento" va definida por "resistir", "soportar", o "someter". En definitiva, sentir dolor por iniciativa propia, y no porque no quede otra.
Puede ser difícil de entender, pero basta con darle un par de vueltas al asunto para comprobar que aprender esta diferencia es una base importante para no dejarse arrastrar por los acontecimientos que no podemos cambiar. Porque todo depende de cómo se mire.
Y yo hoy lo veo todo negro, y esta es la razón por la cual escribo hoy aquí. Porque cuando más oscuro está todo es justo el momento en que está a punto de salir el sol.
viernes, 12 de septiembre de 2014
martes, 26 de agosto de 2014
Sweet Lover - Justin Nozuka de fondo, lluvia golpeando los cristales y sinceridad golpeando mis adentros.
Un día me enseñaron que la mejor forma de simplificar las cosas complicadas de la vida es ejemplificarlas de forma sencilla.
Desde entonces, y tras un largo invierno cubierto de neopreno, intentando subirme a una ola y no solo a una tabla, uní cabos y he llegado a la conclusión de que la vida presenta oportunidades todo el tiempo (unas las vemos, otras no las queremos ver) que se parecen mucho a una ola.
Unas las ves venir, otras engañan con apariencias, otras llegan de repente, o poco a poco y creciendo, depende.
Pero si algo las caracteriza a todas es que una vez llegan, solo puedes pillarlas y dejarte llevar (y lo que tenga que ser será), o dejarlas pasar y tener por seguro que nunca más habrá otra igual, ni esta va a volver.
Sin embargo, y dándole vueltas al mismo ejemplo. ¿Qué ocurre cuando viene una serie de olas y te ves forzado a elegir? ¿Cogerías la primera arriesgándote a caer y que la segunda termine hundiéndote? ¿la última por seguridad, perdiendo la oportunidad de las otras? en cualquier caso, ¿arriesgarías?.
El coste de oportunidad en la vida no deja indiferente a nadie. Elegir es renunciar.
Incluso el no querer renunciar a nada, podría acabar en perderlo todo (la avaricia rompe el saco), incluso el no decir algo por evitar el daño trae consigo más daño. Incluso, por estar a demasiadas cosas nunca estás suficiente.
Incluso, si yo misma dentro de unos años pudiera volver atrás en el tiempo y decirme algo ahora, seguramente me diría que deje lo que estoy haciendo en este momento, y tome otro camino.
Y aun sabiéndolo no me importa porque todos los caminos llevan a Roma, aunque me la den del revés.
Y eso, lo que mueve nuestra vida, lo que nos impulsa a hacer cosas, el amor por un trabajo, la vocación, el amor por seguir aprendiendo, por la familia, los amigos, por una obra de arte, por una composición de música, por una canción, la vida, la playa, la montaña, los rascacielos, las mascotas, por el amor de tu vida. Eso, es lo que cuenta.
Porque todos las personas y todas las canciones son iguales, hasta que las haces tuyas.
Es entonces cuando descubres que no habrá nada ni nadie que se les vuelva a parecer, o que puedas reemplazarlas.
Porque todos los lugares son lugares, hasta que dejas tu huella en el suelo, y se convierten en personas y en recuerdos, y en recuerdos de personas, y en personas que recuerdan, como yo, que darle vueltas a una misma idea es entrar en un ciclo, en un movimiento circular similar al que siguen las olas del mar. Porque la vida se parece al mar, y las oportunidades, como empecé diciendo, a olas. Porque...
El coste de oportunidad en la vida no deja indiferente a nadie. Elegir es renunciar.
Incluso el no querer renunciar a nada, podría acabar en perderlo todo (la avaricia rompe el saco), incluso el no decir algo por evitar el daño trae consigo más daño. Incluso, por estar a demasiadas cosas nunca estás suficiente.
Incluso, si yo misma dentro de unos años pudiera volver atrás en el tiempo y decirme algo ahora, seguramente me diría que deje lo que estoy haciendo en este momento, y tome otro camino.
Y aun sabiéndolo no me importa porque todos los caminos llevan a Roma, aunque me la den del revés.
Y eso, lo que mueve nuestra vida, lo que nos impulsa a hacer cosas, el amor por un trabajo, la vocación, el amor por seguir aprendiendo, por la familia, los amigos, por una obra de arte, por una composición de música, por una canción, la vida, la playa, la montaña, los rascacielos, las mascotas, por el amor de tu vida. Eso, es lo que cuenta.
Porque todos las personas y todas las canciones son iguales, hasta que las haces tuyas.
Es entonces cuando descubres que no habrá nada ni nadie que se les vuelva a parecer, o que puedas reemplazarlas.
Porque todos los lugares son lugares, hasta que dejas tu huella en el suelo, y se convierten en personas y en recuerdos, y en recuerdos de personas, y en personas que recuerdan, como yo, que darle vueltas a una misma idea es entrar en un ciclo, en un movimiento circular similar al que siguen las olas del mar. Porque la vida se parece al mar, y las oportunidades, como empecé diciendo, a olas. Porque...
jueves, 21 de agosto de 2014
Y de repente conoces a una persona, y te cambia la vida para siempre.
La intensidad con la que vivimos los momentos marcan la nitidez con la que pasarán a formar parte de nuestros recuerdos.
Hoy me siento afortunada de saber que mañana, pasado, y dentro de mucho tiempo, podré revivir tus pupilas clavadas en mis ojos. Clavadas en la luz que proyectas. La verde luz que me hace sonreír como una idiota.
viernes, 15 de agosto de 2014
Ni un paso atrás.
En un intento (de muchos) por reorganizar mi mente decido ponerme a escribir en el mismo lugar donde hace dos años decidí que era momento de dejar de publicar mis quebraderos de cabeza. Y así, por pura casualidad, curiosidad, golpe del destino, o intento desesperado por encontrar lo que hay dentro de alguien como yo (esta última poco probable), alguien leerá lo que yo, por pura casualidad, curiosidad, golpe del destino, o intento desesperado por encontrar lo que hay dentro de alguien como yo, he escrito.
No tiraré de reproches, pero me gustaría decir que el rollito de encontrar la felicidad en uno mismo suena muy bien, pero la realidad casi siempre es que dicha felicidad depende de la gente de la que te rodeas. Y para los escépticos, el ser humano es un ser social.
Pero qué le vamos a contar a un mundo capaz de modificar la genética de casi cualquier cosa, y como alguien muy bien dijo, qué le vamos a contar a un mundo que se avergüenza del dolor propio y se enorgullece del ajeno.
Es alucinante la forma que tenemos de intentar cambiar las cosas que no nos gustan, en lugar de adaptarnos a ellas. Y así estamos, que si más guapos, que si más altos, que si soy o no suficiente, que si me entra por los ojos, que si... por favor!. Un lienzo puede ser CASI tan grande y bonito como queramos. Pero si aprendemos a interpretar lo que alguien pintó en él, probablemente nos demos cuenta de que el lienzo más pequeño del mundo puede transmitirnos algo de un valor incalculable. Sin límites. Sin "casi".
No nos quedemos con las ganas, ni con las apariencias y sobre todo, no nos paremos los pies, que la peor piedra con la que podemos tropezar es con nosotros mismos.

lunes, 17 de septiembre de 2012
He tratado de decirle a esa voz que se calle sin conseguir nada, la esencia de las personas no cambia.
Más alto pero no más claro
Snow Patrol – Set The Fire To The Third Bar
Snow Patrol – Set The Fire To The Third Bar
jueves, 5 de julio de 2012
En especial para tí, so payaso:
Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre.Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán,siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejareis de intentarlo…Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más... Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza.
Os librareis de él o de ella, dejareis de sufrir,conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma), pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque,a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas,que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.
Leiva (Pereza) – 92
A veces sobran reflejos, a veces falta valor.
Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella...
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre.Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán,siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejareis de intentarlo…Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando
Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más... Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estabais leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza.
Os librareis de él o de ella, dejareis de sufrir,conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma), pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera aquí para perturbaros. Porque,a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas,que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.
Leiva (Pereza) – 92
A veces sobran reflejos, a veces falta valor.
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